Tuesday, 10 February 2009

Flannery O'Connor, Writing Short Stories. Parte 6.


Sexta y última parte de la traducción del ensayo Writing Short Stories, de Flannery O'Connor. Aquí Flannery O'Connor termina de amonestar a esa "vieja gente del Sur que se olvidó del Sur". Recordemos que el ensayo nace a partir de una charla de O'Connor en una reunión de escritores del Sur, en 1957. Al mejor estilo de un taller literario, O'Connor había recibido para leer algunos cuentos de los participantes. De modo que, en medio de consideraciones generales, aparecen en el ensayo varias referencias a esos cuentos.

Como lo que falta del ensayo es poco, para cubrir el tiempo de exposición que O'Connor deja libre, el post cierra con unos conversadores Borges y Bioy Casares, que por cortesía hacia Flannery, dicen a todo que sí, aunque se desquiten con otros. Esas notas están sacadas del libro Borges, de Bioy Casares.

No se pierdan en la próxima entrega el Detrás de la Escena de la Southern Writers' Conference de 1957.




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Writing Short Stories (VI)

El modo de hablar caracteriza a una sociedad, y cuando se ignora esto, uno está, casi con certeza, ignorando todo el entramado social que podría dar sentido al personaje. No se puede sacar a los personajes de su sociedad y decir luego mucho de ellos como individuos. No se puede decir nada revelador acerca del misterio de una personalidad a menos que uno ubique esa personalidad dentro de un contexto social creíble y dotado de significado. Y la mejor manera de hacer esto es a través del habla del propio personaje. Cuando la anciana dama de uno de los cuentos de Andrew Lytle dice con desprecio que ella tiene una mula más vieja que Birmingham, uno percibe detrás de esa frase a una sociedad y a su historia  [1]. Un escritor del Sur encontrará ya hecha gran parte de su trabajo, puesto que nuestra historia vive en nuestro modo de hablar. En uno de los cuentos de Eudora Welty, un personaje dice «De donde yo vengo, usamos zorro en vez de perros para cuidar, y búhos en lugar de gallinas, pero sabemos cantar»  [2]. Ahora bien, esa frase vale por todo un libro, y cuando la gente que vive cerca de uno habla así, y la ignoramos, estamos malgastando algo que nos pertenece. El sonido de nuestra habla es demasiado distintivo como para omitirlo con impunidad, y si el escritor trata de desentenderse de él, corre el riesgo de destruir la mejor parte de su poder creativo.

Otra cosa que noté en estos cuentos de ustedes es que la mayoría no profundiza dentro del personaje, ni revela mucho de él. No me refiero a que no penetren en la mente del personaje, sólo que no muestran que éste tiene una personalidad. Como antes, esto nos lleva, en algún punto, a lo del modo de hablar. Estos personajes no tienen ningún modo distintivo de hablar a través del cual revelarse. Y a veces no tienen ninguna característica distintiva. Uno termina sintiendo que ninguna personalidad es revelada por el mero hecho de que no hay ninguna personalidad que revelar. En la mayoría de los buenos cuentos, la personalidad del personaje crea la acción. Pero en estos cuentos de ustedes, yo siento que el escritor ha imaginado alguna acción y entonces ha hecho aparecer de la nada un personaje para ejecutarla  [3]. Con frecuencia, harán mejor empezando desde el otro extremo. Si parten de una personalidad, de un personaje dotado de realidad, necesariamente algo pasará. Y no hay obligación de saber de antemano qué es lo que pasará. En realidad, puede ser mejor ignorarlo [4].
[4] «Huyo de los argumentos como de la plaga. Una y otra vez he prevenido a los jóvenes dramaturgos de que los argumentos son como un rompecabezas, cautivadores para el hombre que los arma, pero exasperantemente aburridos para el que lo mira. Los cuentos son interesantes; la revelación de una personalidad puesta en acción es muchísimo más interesante y, en lo que toca a la escena, es ahí donde radica el interés de una historia; pero los argumentos son un peso muerto, de una manera superlativa. Mi procedimiento es imaginar a los personajes y dejarlos que hagan según su voluntad […]». George Bernard Shaw en Table Talk, de Archibald Henderson. En inglés en Google Books.

Tienen que ser capaces de descubrir algo a partir sus cuentos. Si ustedes no pueden, entonces, probablemente, nadie podrá.


Fin de Writing Short Stories, de Flannery O'Connor.






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Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares,
Corroboradores


La manera de hablar de los personajes:
[Julio de 1949] Escribiendo los cuentos de Bustos Domecq, creímos descubrir que los personajes se definen por la manera de hablar: si el autor imagina cómo hablan, los conoce, no se equivoca sobre su psicología. Borges opina que una prueba de esto se encuentra en el Martín Fierro: a pesar de que en todo libro los episodios son como adjetivos, a pesar de que los episodios del Martín Fierro describen al héroe como un hombre pendenciero y sanguinario, si dijésemos que Martín Fierro es un simple Juan Moreira u Hormiga Negra cualquier argentino nos desmentiría. Hay una nobleza estoica en el tono del libro, o de lo mejor del libro, que ha creado el personaje; y las circunstancias de su biografía –o las intenciones del autor– se dejan de lado o se olvidan.

Porque no sólo Flannery O'Connor encuentra dificultad en distinguir un personaje de otro:
Viernes 8 de mayo [de 1959] «BORGES: […] Qué raro este autor [Henry James] famoso por la sutileza y los matices, que hace todos los personajes idénticos. Ojalá que pudiera uno diferenciarlos por manías, ademanes o trajes. En The Sacred Fount el lector debe ser una suerte de detective; pero ¿cómo va a descubrir quién es la amante si no sabe quién es quién, si no logra distinguir a un personaje de otro?».

Lunes 1º de junio [de 1959] Agrega [BORGES] que Eliot debería dar el mismo nombre a todos los personajes de sus piezas, para que no se descubriera que intentó diferenciarlos.

La carreta delante del caballo, o el argumento delante de los personajes:
Lunes 6 de junio [de 1966] BORGES: «A diferencia de Ibsen y de Shaw, [los personajes de O’Neill] no tienen realidad fuera de los dramas. Están hechos para el argumento, sirven para los fines que se propone el autor. Parte de ideas para el argumento e inventa los personajes que le conviene. […] »

Miércoles 7 de noviembre [de 1962] Leemos La española inglesa. BORGES: «[…] Está mal que uno descubra que las actitudes de los personajes no sirven para mostrar su carácter sino para permitir el argumento […]»

11 de Mayo [de 1965] Leemos cuentos de Maupassant [...] BORGES: «Era enemigo de la anécdota. (Riendo) ¿Te das cuenta? Qué es todo esto si no anécdotas. Estos cuentos se escriben en una noche. Los prestigios literarios son arbitrarios. ¿Cómo se puede decir que esto está bien escrito? Los personajes son títeres. Estos cuentos no son más que argumentos… ¡qué argumentos! Todo está visto de lejos. El autor no se acerca ni que lo maten. […]»

Haz lo que no hago:
Lunes 10 de junio [de 1963] BORGES: «[Henry James] Afirma que si uno conoce un carácter, la trama se desarrolla sola. No creo que sea verdad. Uno nunca conoce bastante a la gente para saber cómo va a actuar […] James procedía al revés de lo que dijo. Estoy seguro de que no partía de personajes. Es evidente que partía de las situaciones». BIOY: «Claro: casi todos sus cuentos son una anécdota trabajada».
Un comentario melancólico:
11 de diciembre [de 1959] BORGES: «Lo que más durará de las obras literarias será el argumento. Desde luego todo se olvidará, pero lo último en olvidarse será el argumento. Las bellezas de estilo se perderán con los cambios de gustos y con la muerte de las lenguas. ¿Qué nos queda de las bellezas estilísticas de un texto sánscrito? Las situaciones también quedarán, pero las situaciones son argumento. Los caracteres durarán quizá más que las bellezas formales y menos que los argumentos. El criterio, en estas predicciones, es estadístico; no corresponde a mi gusto.»

Un momento... Parece que James se está levantando... Cuándo aprenderás... ¡toma esto, y esto, y esto otro!
Lunes, 14 de septiembre [de1959]. Come en casa Borges. BORGES: «Se ve mucho el esquema en los cuentos de Henry James. En los de Kipling también hay un esquema, pero luego el autor imagina las cosas, da realidad. ¿Qué libros leería Henry James? ¿Muy malas novelas inglesas? Sus cuentos, aun los excelentes, sugieren ilustraciones de revistas como El Hogar y Atlántida, de los treinta: un caballero de smoking o frac conversando con una dama. Tienen dos dimensiones; los cuentos de Kipling o de Conrad tienen tres: con ellos entra en nuestra conciencia una realidad rica, precisa. En los diálogos, los personajes de James advierten sobreentendidos, reticencias y toda suerte de matices, que el lector no descubre y que no cree que valga la pena descubrir; a veces hay rasgos burdos. Nada parece muy imaginado y el lector, en el fondo de todos estos cuentos, imagina únicamente a James: lo que es una pobreza. Wells observó que los personajes de James, si tuvieran que llegar al momento de la pasión, harían a few appropriate gestures y nada más. Para llevar adelante su argumento, James no tiene inconveniente en recurrir a hechos melodramáticos: en The Americans una dama comete un asesinato del todo improbable; tampoco tiene inconveniente en recurrir a circunstancias ficticias: en “The Real Thing”, un ilustrador de novelas fracasa cuando toma como modelo de gentleman y de lady a Fulanos, y triunfa cuando toma a Zutanos. Casi el único relato vívido de James es The Turn of the Screw: por algo es el que más gustó. No creo que toda la gente se equivoque.[…]»


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Notas:

[1] El cuento es Jericho, Jericho, Jericho, de 1936. Al serle presentado el prometido de su nieta, que es de la ciudad de Birmingham, una anciana exclama «I’ve got a mule older’n Birmingham». La ciudad de Birmingham queda en Alabama y fue fundada en 1871.  [Volver arriba.]

[2] El cuento es The hitch-hickers, de 1941. La cita, que no corresponde exactamente con la de O’Connor, es «I come down from the hills. . . We had us owls for chickens and fox for yard dogs but we sung true». [Volver arriba.]

[3] En todas las versiones parciales que he visto en internet del texto en español, como la referencia a los cuentos de los conferencistas no figura en ningún lado, invariablemente se traduce mal el final de este párrafo. En esas versiones se lee:
En la mayoría de los buenos cuentos es la personalidad del personaje lo que crea la acción de la historia. En la mayoría de esos cuentos, siento que el escritor ha pensado en una acción y luego seleccionado un personaje para que la lleve a cabo.
Es decir, en estas versiones parciales “esos cuentos” son “los buenos cuentos”, cuando en realidad “esos cuentos” son los malos cuentos de los asistentes a la conferencia.  [Volver arriba.]


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Páginas de la versión en inglés de Writing Short Stories para este post.




*Muchas de fotos fueron tomadas de Shorpy.com.

1 comment:

  1. Chotísimo tu blog, lo menos de lo menos que he visto últimamente en internet. Pena da. Antes no era así.

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